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Sospecho que mi hijo tiene déficit de atención con hiperactividad

8 de agosto de 2012 a las 20:03 Última respuesta: 19 de agosto de 2012 a las 21:42

Hola soy una madre joven y tengo dos hijos (2 y 4 años) pero me es mas difícil controlar al mayor, es tranquilo pero muy berrinchudo, ademas de se enoja mucho, no quiere comer y solo juega con carritos no le gusta salir a jugar con pelotas, le tiene miedo a la bicicleta, esta a punto de entrar al jardin de niños y me preocupa su actitud, si me pueden ayudar estare muy agradecida

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19 de agosto de 2012 a las 21:42

Un dia a la vez
De pequeña escribía cuentos y soñaba con plasmar a través de las letras todo ese mundo lleno de héroes, luchas épicas, personajes de ensueño y finales felices que llenaban mi imaginación, de allí el nombre de éste BLOG.

Sin embargo nunca imaginé que el primer tema que finalmente me llevaría a crear este espacio On Line sería la experiencia muy real vivida a través del desarrollo de mi hijo, bastante distante de aquel mundo de fantasía que soñaba de niña pero aún como muchas batallas ganadas, héroes encontrados y más que finales felices, experiencias felices.

Con un diagnóstico inicial de Deficit de Atención posteriormente dislexia y finalmente Bipolaridad, he dedicado toda mi vida como madre a recorrer especialistas, leer libros, investigar en internet y escuchar opiniones de todo tipo.

Hoy mi hijo tiene 12 años y quiero transmitir mi experiencia a las miles de madres que hoy enfrentan diagnósticos de problemas de aprendizaje en sus hijos y que pueden sentir su futuro algo incierto.
Los momentos difíciles inician cuando uno como madre comienza a percibir ciertas diferencias en las conductas de sus hijos. Sea en su desarrollo social, académico o en su interacción regular con otros, hay algo que simplemente parece fluir de manera diferente.

Estas apreciaciones se confirman primeramente con el ingreso al colegio, que es la primera estructura social con la cual tienen contacto después de la familia.

Dentro de los problemas que se pueden referir desde la institución están el tan de moda déficit de atención, problemas de lectura, de comportamiento, de sociabilización, etc. que suelen ser en su mayoría comunes, hasta cierto punto, mientras pasa la etapa de la adaptación del niño a su nuevo entorno escolar.

Sin embargo, cuando hay situaciones que suelen exceder la norma es cuando el representante debe ser citado e informado acerca de la condición del pequeño. Pienso que hay que estar muy atentos ante cualquier llamado de atención de este tipo, ya que la ayuda temprana adecuada le ahorrará al niño y a la familia muchas situaciones difíciles.

En este punto a veces solemos asumir una actitud defensiva hacia la maestra o la institución, podemos acusarlos de no querer realizar su trabajo de manera adecuada, o de pretender que los padres les aseguremos niños dóciles y fáciles de guiar, comparándolos además con la educación de nuestros tiempos en la cual era responsabilidad de la maestra enfrentar cualquier situación en el aula.

Si bien es cierto que pueden existir docentes cuya vocación pueda estar en duda, también lo es que hoy en día hay mucha más preparación e información acerca del proceso de aprendizaje humano. Precisamente fue esa experiencia de generaciones anteriores la que nos llevó a deducir que un niño que no rinde en sus estudios como se espera no necesariamente es flojo o mediocre, sino que puede estar presentando problemas de aprendizaje que pueden ser superados con la ayuda adecuada, no con la finalidad de pasar una materia, sino con el objetivo de lograr adaptarse de manera integral a la sociedad en la cual se desarrolla.

A pesar de que es el colegio quién puede hacer las primeras referencias, la definición de la situación del pequeño solo puede ser diagnosticada por especialistas en las diferentes áreas que requieran estudio.

En mi experiencia y con la información recolectada, puedo decir que lo más acertado es buscar una evaluación integral del niño según sus necesidades y áreas a evaluar. En este punto es importantísimo recordar que cada ser humano es único e irrepetible y no debemos asumir el diagnostico de nuestro hijo basado en experiencias de otras familias, las cuales tienen un importante valor como punto de referencia para entender mejor muchas situaciones, pero nunca para definir un diagnóstico final.

Como dije depende de cada situación presentada el especialista que se visitará, pero en la mayoría de los casos será indispensable acudir a las siguientes especialidades:

El Neuropediatra: Se encarga de evaluar la parte neurológica de los niños y se asegura de que no exista alguna condición física que requiera tratamiento especial. Puede realizar exámenes tales como electroencefalogramas e incluso TEST dirigidos a los maestros y a familiares para determinar en la conducta del niño cualquier indicación de alguna patología importante. Este especialista está facultado para medicar.

La Psicopedagoga: Es una especialidad bastante importante para el diagnóstico y tratamiento de problemas de aprendizaje, ya sea de lectura, escritura, habilidad verbal, etc.-

Una vez diagnosticado cualquier condición especial este profesional debe acompañar todo el desarrollo escolar del niño, ya que posee las herramientas adecuadas para enseñarlo a aprender y ayudarlo a integrase al sistema escolar regular, además que puede orientar a la maestra y al colegio en relación a las mejores técnicas de interacción con estos niños. La psicopedagoga no está facultada para medicar.

La Psicóloga: Debemos recordar que cualquier situación que haga sentir al niño incomodo dentro del aula, ya sea porque él no se adapte a su entorno, no pueda rendir de la misma manera que otros o no sea aceptado por sus compañeros por su comportamiento o rendimiento, puede generar en el niño frustración e inseguridad que pueden ser manejadas por este especialista. Igualmente estos profesionales pueden aplicar un TEST que establece si se está en presencia de un Deficit de Atención, a la vez que determina el nivel de dicho déficit y sí requiere o no medicación. La psicólogo no está facultada para medicar.

El Psiquiatra Infantil por su parte puede tener un espectro más amplio que el del psicólogo, y contrario a los prejuicios establecidos no se dedica a tratar personas consideradas locas, su campo de acción basado en la medicina y la investigación científica le permite evaluar de manera amplia el origen de cualquier conducta y delimitar más precisamente hasta dónde se trata de un problema cognitivo, genético o conductual. No descarten una consulta con este especialista porque ya hayan consultado un psicólogo. El psiquiatra está facultado para medicar.

Es posible que el Psicopedagogo recomiende el apoyo de un Terapista Ocupacional, quién se dedica mediante ejercicios físicos y terapias, a desarrollar los músculos de las manos, la motricidad fina, la parte sensorial del niño, que puede incrementar su rendimiento y evitar, por ejemplo, que las manos se cansen al escribir por colocarlas en mala posición.

Generalmente los niños con problemas de aprendizaje no poseen buena postura al realizar trabajos, ni tienen buenos hábitos de escritura ni de estudios, lo cual los lleva a requerir de más esfuerzos para realizar las tareas y como consecuencia se cansan más rápido lo cual los lleva a distraerse en un ciclo continuo de nunca acabar. Por esto la intervención de este especialista puede otorgarle un apoyo importante.

En este punto es posible que muchos padres se sientan intimidados por la cantidad de especialistas que puede requerir su hijo, pero realmente hablamos de una etapa inicial de diagnóstico que luego será canalizada y adaptada a los requerimientos específicos del pequeño.

Actualmente existen centros que prestan una evaluación integral de los niños con la intervención de todos los especialistas anteriormente mencionados y que reducen considerablemente los costos de las consultas para lograr el estudio completo que garanticen el diagnóstico más preciso posible.

En mi caso, después de saltar durante años de psicólogos, neurólogos, psiquiatras que evaluaron el caso desde cada especialidad en particular y que daban diagnósticos distintos encontré un centro integral de evaluación en el cual cada especialista valora su área y luego se reunen, para comparar notas y dan un diagnostico integral. Por qué esto es tan importante?.. Porque generalmente los problemas de aprendizaje vienen con varias condiciones que son diagnosticadas por especialistas diferentes, por ejemplo la Dislexia y el déficit de atención la diagnostica un psicopedagogo y Psicólogo respectivamente, la bipolaridad, depresión y problemas más profundos el Psiquiatra y cualquier condición genética un Neuropediatra.

Cuando se acude solo a uno por un diagnóstico se corre el riego de obviar alguna condición adicional asociada que requiera atención y que no permita que el niño evolucione como se espera tratándolo unilateralmente.

Para los que se preocupan de estar exponiendo al niño a demasiadas consultas médicas, les comento que son especialistas con experiencias en el área infantil y la mayoría de los diagnósticos se realizan a través de juegos que los niños disfrutan y que no suelen identificar como exámenes médicos. Si los padres lo manejan de manera natural, los niños pueden disfrutar de estas consultas sin mayores traumas ni problemas.

Una vez superada la etapa de la evaluación médica viene la gran incertidumbre moral que nos sobrecoge a todos los padres, y es la de si realmente mi hijo requiere la medicación?, o se trata de una condición característica de los niños especiales y sobre estimulados de esta nueva generación que aún no hemos aprendido a aceptar?.

Y acompañado con todas estas interrogantes nos llega el bombardeo de opiniones de familiares y amigos, entre ellos están los que minizan el problema y te dicen "eso no es nada... no te acuerdas que tu tio era igualito"... o "el hijo de juán era asi y miralo se graduó de médico". Cosas que pueden ser ciertas, pero lo que no sabemos es todo lo que sufrieron esos niños para lograr esas metas, o sí realmente tenían alguna condición parecida a la de nuestro hijo.

Además están los que aseguran que los maestros están etiquetando a los pequeños, pasando por los que consideran a los médicos mercantilistas sin corazón que solo se lucran inventando nuevos nombres para los niños traviesos.

También están los que te ofrecen cualquier cantidad de terapias alternativas, té milagrosos, gotas relajantes y finalmente los que fundamentan su conocimiento en la ola de la Nueva Era y sugieren meditación, alineación de chakras, yoga, taichí y por qué no?... hasta origami como tratamientos alternativos.

En mi humilde punto de vista todos tienen razón y todos están equivocados. No existen verdades únicas y menos cuando se trata de un organismo tan complicado como lo es el ser humano.

Nuestra personalidad es el resultado de la unión de tres áreas: Genes, Familia y Sociedad. De allí que observemos individuos como los gemelos criados en la misma sociedad, dentro de la misma familia, y aún asi poseen características totalmente desiguales que lo llevan a manifestar conductas completamente diferentes.

Por su parte, hay áreas que en determinados casos y dependiendo de cada individuo puedan influir más que otras. Por ejemplo, individuos criados en un entorno social violento, están expuestos a que ésta circunstancia sobresalga sobre su genética o su familia.

Individuos con una característica genética resaltante como el Síndrome de Dow tendrán esta condición como determinante en su relación con la familia y la sociedad.

Personas criadas en hogares disfuncionales o con características especiales, tendrán esta circunstancia como punto de referencia a lo largo de su desarrollo.

Es por esta razón que las mejores soluciones a cualquier circunstancia humana es aquella que abarca un mayor espectro de áreas. Es así que en el caso de los problemas de aprendizaje en los niños una vez diagnosticado, requerirá atención hacia el funcionamiento de su organismo (genética), ajustes en el área social (escuela) y ajustes en el área familiar.

Absolutamente todo niño que presente alguna dificultad debe recibir atención. Lo que para nosotros puede ser problemas pequeños para ellos pueden ser situaciones muy difíciles que sin duda marcan su desarrollo. Ahora bien, obviamente no toda dificultad requiere medicación y es aquí donde tenemos que hacer un salto de fé por el bienestar de nuestros hijos.

Hay muchas personas con niños diagnosticados con algún problema de aprendizaje que no creen en la medicación y le dan más importancia a los posibles efectos secundarios del medicamento que a los beneficios que le puedan traer al niño (posición además completamente comprensible).

Habiendo pasado yo por todas las etapas posibles: negación rotunda a darle mediación alguna a mi hijo, obsesión por informarme acerca de todo la literatura existente, lectura de todos los foros de discusión de la enfermedad y de los medicamentos, consulta constante al Dr. Google, visita a todos los especialistas posibles e incluso asistir prácticamente con él al colegio para apoyarlo en su desarrollo académico tratando así de evitar tener que darle ninguna sustancia química, debo reconocer que solo años después con el tratamiento adecuado mi hijo está logrando integrarse.

Pero llegar a esta etapa significó sustituir el miedo y la negación por la precaución y el seguimiento continuo. Es importante resaltar nuevamente que no todos los déficit de atención se medican, ni todas las condiciones especiales se medican. De allí que escuchemos a veces testimonios de familias cuyos hijos diagnosticados solo están recibiendo terapia conductual y esto nos haga dudar de la asertividad de nuestro médico, además de aumentarnos el sentimiento de culpa por darle un tratamiento a nuestro hijo del cual no estamos seguros, pero lo cierto es que TAN PELIGROSO ES DARLE UN MEDICAMENTO A UN NIÑO QUE NO LO NECESITA COMO NEGARSELO A OTRO QUE SI. Todos los diabéticos requieren atención, pero no todos requieren insulina.

En el caso de que nuestro hijo requiera medicación debemos entender que no existen pastillas mágicas y que además requieren un tiempo relativamente prolongado para comenzar a ver sus beneficios.

Esto se debe a que la mayoría de estos medicamentos actúan sobre los neurotransmisores y químicos en el cerebro encargados de regular las conductas que se quieren corregir. Nunca se debe suspender una medicación sin previa notificación al médico.

También puede ser necesario cambiar el medicamento durante el tratamiento, de ser así lo importante es entender que se está buscando la ayuda más efectiva. Como el caso del tratamiento de la tensión, alergias, y cualquier condición que requiera mediación, cada composición química pueda reaccionar diferente en cada organismo.

Es importante tener paciencia, dar el tiempo necesario para lograr reconocer el efecto completo que está otorgando el medicamento y ajustarlo hasta encontrar la dosis adecuada.

En el caso específico de medicamentos neurológicos puede notarse aletargamiento o algunos efectos secundarios que nos den cierto temor, pero previa consulta con el médico el cual es el único facultado para orientar acerca de esos efectos, por lo general transcurrido los días pasan a normalizarse sin mayor problema para el niño.

Mientras mejor nos preparemos e informemos en esta etapa de inicio, mejor podemos apoyar a nuestro hijo y superar además las opiniones negativas de familiares y amigos acerca de las reacciones que puedan observar y que ellos puedan calificar de desfavorables para el pequeño.

Irónicamente, la mayoría de estos niños posee un índice normal y hasta superior de inteligencia, lo cual explica que puedan destacar perfectamente en otras áreas de su vida. Mi pequeño tiene una capacidad verbal, habilidad matemática y razonamiento lógico que siempre ha estado por encima de la norma.

Como dije al inicio mi hijo fue diagnosticado desde muy pequeño, y se me informó de la necesidad de darle medicación. A pesar de mi incansable búsqueda de algún médico que me diera un diagnóstico diferente o un tratamiento que excluyera la medicación siempre obtuve la misma respuesta.

Sin embargo, creyente además de los conceptos de la nueva era, los niños índigos y la nueva energía que viene a romper paradigmas en éste mundo me rehusé durante sus primeros 9 años a darle medicamento.

No puedo decir que fue una época signada por el oscurantismo absoluto, pero lamentándolo mucho si estuvo llena de fracasos y frustraciones para él, para mi y para la familia.

Siempre estuvo recibiendo ayuda por parte del psicólogo, de un psiquiatra infantil y un chequeo regular con un neuropediatra, quién confirma una evaluación normal a nivel físico. Se realizaron los ajustes sugeridos en el hogar se implementaron técnicas de manejo en el colegio y se aplicó mucha terapia conductual y de motivación, pero siempre se sentía como si toda esa ayuda no era suficiente.

Finalmente tomé la decisión, una vez agotadas todas las terapias alternativas, de darle la medicación. En pocas semanas comencé a ver cambios favorables, pero también es cierto que en su caso, la medicación lo afecta a nivel gástrico ya que por herencia, su familia suele sufrir del estómago. Esa parte entonces la tuve que controlar además con un gastroenterólogo.

Por los años siguientes tomó tratamiento para el Deficit de Atención, logró mayores periodos de concentración que lo llevaron a captar mejor en el aula, pero su parte de escritura seguía comprometida.

No fue hasta los 12 años y en pleno final de primaria que encontré un centro integral para el tratamiento de problemas de aprendizaje, en el cual logré la evaluación integral con el intercambio de opiniones de los especialistas involucrados.

De esta evaluación resultó que a pesar de buscarle tanta ayuda durante años, obvie la intervención de la psicopedagoga que era vital para que él lograra avanzar en el aula. Además que la psicopedagoga descubrió que el déficit de atención estaba acompañado por Dislexia, lo cual le dificulta la escritura y la lectura.

Esto quiere decir que por mucha mediación adecuada que le estuviera dando, los periodos más extensos de concentración que dicha mediación lograra no significaban mayor avance para el niño si este no trabaja además herramientas para estudiar de manera adecuada a su condición.

En este punto me sentí realmente frustrada, porque a pesar de tanta información que leí, tanto especialista que lo vió, me obvie a la única capaz de diagnosticarle la condición de mi hijo, que si bien no es grave y se trata con sesiones de terapias y sin medicación, era importante para que el lograra un rendimiento escolar aceptable. Definitivamente para estos niños la sicopedagoga es vital.

Del intercambio de opinión de estos profesionales se concluye entonces ciertos rasgos de Bipolaridad, el Deficit de Atención versión Inatento y la Dislexia.

De toda esta experiencia me queda la satisfacción de que nunca dejé de buscar ayuda para mi hijo, ni de estar allí para él. Pero también me queda el dolor de que no le dí la oportunidad de recibir el tratamiento adecuado a tiempo y actualmente está haciendo un esfuerzo extra para ponerse al día. Esfuerzo que hubiera sido innecesario si hubiera recibido la ayuda adecuada desde el inicio.

Los problemas de aprendizaje van creciendo con el niño y si no se le da la ayuda que realmente requiere, eventualmente lo aíslan del resto de sus compañeros, los cuales a medida que crecen son más conscientes de sus limitaciones. Es por esto que su desarrollo social y su autoestima depende mucho de nuestro apoyo en su etapa inicial.

Me decidí a transmitir esta experiencia porque al leer la preocupación de las cientos de madres expresadas en los diferentes foros publicados en internet, me veo a mi misma reflejada en cada uno de esos testimonios. Solo me queda decirles que es mejor arrepentirse de querer haberle dado toda la ayuda requerida desde un inicio y no arrepentirse de haberlo privado del tratamiento que hubiera podido marcar una diferencia en su vida por nuestros miedos y la presión de nuestro entorno. Yo lamentándolo mucho me arrepiento de esta última.

Solo nos queda conectarnos con nuestra sabiduría interna y tratar de transitar este camino con tranquilidad, paciencia constancia y fé. Un paso a la vez, un día a la vez.
Finalmente les digo, mientras nuestro hijos posean la capacidad de reír pueden ser felices, así que solo nos queda buscar para ellos las mejores oportunidades para lograrlo.

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