Foro / Psicología

Completamente destruida

8 de diciembre de 2008 a las 22:28 Última respuesta: 10 de diciembre de 2008 a las 19:28


Estoy realmente triste ya no se que hacer, estoy demasiado mal diria yo, tengo problemas de depresion desde que tengo uso de razon por varias razones antes o bueno siempre me he sentido triste y muy sola primero por que nunca he vivido con mis padres por que segun he escuchado se casaron por conveniecia mutua y lamentablemente naci yo se fuerona vivir a otro pais y me dejaron con mi abuela y se divorciaron todo esto cuando yo nisiquiera tenia los dos años, pero eso no es lo peor mi mama nunca estuvo pendiente de mi casi nunca venia a verme y muy pocas veces me llamaba y las pocas veces k estaba con ella no me hacia mucho caso por otro lado mi papa estaba mas pendiente de mi siempre lo ha estado, pero tampoco me demostraba mucho amor, mi abuela me cuidaba mucho, pero no es muy expresiva que digamos en realidad nadie en mi familia, a m alrededor todas mis amigas tienen su familia vivian con sus padres o por lo menos con sus mamas y me entristecia mucho escuchar como hablaban de sus cosas familiares cuando cumpli 15 me hice novia de un muchacho en realidad no era que el me atrayera mucho, pero bueno fue pasando el tiempo y nos enamoramos muchisimo ahora tenemos ya 7 años juntos siempre ha sido extremadamente buen novio se que me ama y yo tambien a el es lo unico bueno que me ha pasado y pues despues de estar con el casi no me deprimia si me seguia afectando lo de mi familia, pero yo era tan feliz con mi relacion, con tantos suenos e ilusiones era en verdad feliz, estabamos esperando que a final de st mes nos casariamos y el aun lo cree asi, pero yo no estoy muy segura, no por que no lo ame al contrario es por algo k me ha pasado que no se si me pueda casar con el y eso me tiene muy triste por que es lo que mas deseo en la vida mi mas grande y bonita ilusion. siempre me he sentido diferente a mis primas, mis amigas por mi situacion familiar lo unico que me motivaba en la vida y es posible que ahora no sea posible eso me tiene destruida he caido en una fuerte depresion estoy en un tratamiento con un psiquiatra, pero no mejoro , he pensado en suicidarme, pero no he tenido el valor. la verdad no c que hacer le he contado mi problema ami mama y ella no hace ni me dice nada y yo c que si ella me demostrara aunk sea un poco de amor yo me sentiria mejor,pero no no le inspiro nada le he dicho k me kiero morir y ni por eso hace nada no le importo en lo mas minimo y no se por que soy su primera hija y ni por eso me siento fatal.

perdon por escribir tanto, y gracias por tomarse tiempo para leer esto, es una manera de desaogarme aunk sea. gracias, bye

Ver también

10 de diciembre de 2008 a las 5:31

Escucha
amiga, muchas veces los padres se equivocan: a consecuencia de éso, los hijos no se sienten queridos y entran en una espiral de autodestrucción. Me sería muy difícil creer que tu madre no te quiere. Debe haber ahí algún problema de fondo del que no tienes ni la culpa, ni la solución. No te demuestra afecto, es muy triste. La mía tampoco lo expresa y aunque sé que me ama, muchas veces estando a su lado me siento sola y lo peor es que me estoy volviendo como ella en ese sentido, no expreso el amor, no soy cariñosa aunque deseo hacerlo. No sé cual sera el problema de tu madre, sólo sé que seguro que hay gente que te ama y que tú también debes empezar a amarte y no querer quitarte la vida, porque PUEDE QUE PARA TI EL MUNDO NO SEA NADA, PERO PARA ALGUIEN TÚ ERES EL MUNDO. Será tu padre, tu abuela, tu novio o quien sea, pero merecen tu sonrisa y no tus lágrimas. Vigila si te estás medicando con antidepresivos, porque crean adicción y te adormecen. Mi consejo es: valora cada minuto que la vida te regala, sigue adelante y rodéate de gente cariñosa, que es lo que necesitas en éste momento. Cuando te veas más fuerte, plántate enfrente de tu madre y coméntale tus preocupaciones con una actitud diferente a la que hayas tenido siempre con ella. Debes impactarla para que reaccione. Si no lo hace, olvídate del tema y concéntrate en tu vida y en la gente que sí te sabe demostrar su amor. Recuerda: ERES MUY VALIOSA, AUNQUE HAYA QUIEN NO SEPA RECONOCER TU VALOR. Te dejo un cuento:


EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después... Y, haciendo una pausa, agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E...encantado, maestro -titubeó el joven- sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien, continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ahora mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es tan urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda

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10 de diciembre de 2008 a las 19:28
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Escucha
amiga, muchas veces los padres se equivocan: a consecuencia de éso, los hijos no se sienten queridos y entran en una espiral de autodestrucción. Me sería muy difícil creer que tu madre no te quiere. Debe haber ahí algún problema de fondo del que no tienes ni la culpa, ni la solución. No te demuestra afecto, es muy triste. La mía tampoco lo expresa y aunque sé que me ama, muchas veces estando a su lado me siento sola y lo peor es que me estoy volviendo como ella en ese sentido, no expreso el amor, no soy cariñosa aunque deseo hacerlo. No sé cual sera el problema de tu madre, sólo sé que seguro que hay gente que te ama y que tú también debes empezar a amarte y no querer quitarte la vida, porque PUEDE QUE PARA TI EL MUNDO NO SEA NADA, PERO PARA ALGUIEN TÚ ERES EL MUNDO. Será tu padre, tu abuela, tu novio o quien sea, pero merecen tu sonrisa y no tus lágrimas. Vigila si te estás medicando con antidepresivos, porque crean adicción y te adormecen. Mi consejo es: valora cada minuto que la vida te regala, sigue adelante y rodéate de gente cariñosa, que es lo que necesitas en éste momento. Cuando te veas más fuerte, plántate enfrente de tu madre y coméntale tus preocupaciones con una actitud diferente a la que hayas tenido siempre con ella. Debes impactarla para que reaccione. Si no lo hace, olvídate del tema y concéntrate en tu vida y en la gente que sí te sabe demostrar su amor. Recuerda: ERES MUY VALIOSA, AUNQUE HAYA QUIEN NO SEPA RECONOCER TU VALOR. Te dejo un cuento:


EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después... Y, haciendo una pausa, agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E...encantado, maestro -titubeó el joven- sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien, continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ahora mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es tan urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda

Gracias

Gracias por tus palabras voy a tratar de seguir tu consejo y el cuanto esta muy bonitos en verdad muchas gracias

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